Bitácora semana 13
En la clase de esta semana, como es costumbre leímos las bitácoras de dos personas, y creo que para mi el hacer esto todas las clases se ha convertido en una manera de complementar los temas que vemos, porque yo puedo tener una idea de cómo son las cosas, pero conocer las opiniones de los demás me ayuda a entender e interpretar los temas desde otro ángulo, además de recordar cosas que pasaron en clase que tal vez yo no anote en mi bitácora.
Y me parece especialmente importante recordar en esta época en la que nuestra atención es tan efímera, porque como dicen por ahí recordar también es vivir. Aunque, claro, tampoco nos podemos quedar habitando en nuestros recuerdos y en el pasado todo el tiempo, pero creo que sin ellos tampoco somos nada.
Porque de qué otra manera evitariamos cometer los mismos errores, confiar en las mismas personas o tomar las mismas decisiones. Aunque, no todo tiene que ser negativo, porque como dice una canción de Quevedo, uno de mis artistas favoritos: “Los momentos para algo tienen que servir, los malos para saber a dónde no volver y los buenos para saber hacia dónde ir”. Por lo que, nuestros recuerdos, buenos o malos, son parte de quienes somos y son una guía para saber navegar el presente.
Bueno, luego de esta pequeña reflexión, sigamos con lo que pasó en clase. Cobos nos habló de Paul Ekman, un psicólogo estadounidense, pionero en el estudio de la comunicación no verbal y las emociones humanas. También descubrió que las emociones básicas son universales, lo que quiere decir que no importa de qué país o cultura sea una persona, todos contamos con las mismas emociones básicas y las solemos expresar físicamente de la misma manera.
Las emociones que identificó fueron la ira, el asco, el miedo, la alegría, la tristeza y la sorpresa, esto lo validó con el estudio de una de las comunidades más aisladas, en Papúa Nueva Guinea.
Otro tema del que fue pionero, fue en el estudio de las microexpresiones faciales, que ocurren rápidamente cuando una persona intenta ocultar una emoción, o por ejemplo, dice estar sintiendo miedo, pero sus expresiones faciales pueden indicar que en verdad está sintiendo ira, estas pequeñas “claves” fueron un descubrimiento importante para saber cuando una persona está mintiendo. Ya que aunque intentemos convencernos a nosotros y a los demás que estamos diciendo la verdad, nuestras microexpresiones nos pueden delatar.
Por esta razón, los descubrimientos y estudios de Ekman fueron importantes para el desarrollo de técnicas basadas en las expresiones faciales de las personas, utilizadas por entidades como el FBI y la CIA, ya que, como vimos en clase usar un detector de mentiras no siempre puede ser la mejor opción, porque a veces los datos no pueden ser 100% reales, o la persona se puede entrenar y practicar para que aunque diga mentiras, el sistema la marque sus respuestas como verdaderas.
Teniendo en cuenta la importancia de los descubrimientos de Paul Ekman, creo que la clasificación de las microexpresiones faciales marcaron un antes y un después en la investigación sobre las emociones y cómo estas se manifiestan físicamente. Además de funcionar como un “detector de mentiras” mucho más confiable y preciso, en comparación a otros instrumentos.
Aunque debido a su precisión también se necesita prestar mucha atención a las expresiones de la persona, para poder identificar y decodificar sus microexpresiones, por lo que creo que volverse un buen cazamentiras requiere de entrenamiento y paciencia.
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